El aceite de palma es una solución brillante para muchas industrias. No es costosa, la producción es cada vez mayor y se puede usar en infinidad de productos. Es práctica para los fabricantes. Pero a parte de las industrias, el aceite de palma es un problema para todo el mundo:
* para los consumidores, que engordan muchísimo, por causa de sus ácidos grasos saturados, y de sus efectos nefastos sobre la salud
* para los agricultores de Indonesia o de Malasia (tres cuartos de la producción mundial), que llegan a trabajar en condiciones deplorables.
* para los orangs-outanes, y la fauna, que están siendo expulsados de su hábitat natural, y que van a acabar desapareciendo.
* para el planeta ya que la producción del aceite de palma conlleva la desaparición de bosques enteros.
Según algunas fuentes, la deforestación en el Sudeste asiático produce unos 2 mil millones de toneladas de gas de efecto invernadero cada año. La deforestación, para la Indonesia únicamente, representa un 4% de las emisiones globales anuales CO2, lo que coloca el país en tercera posición de los país emisores, detrás de los Estados Unidos y China.
El WWF acaba de establecer una clasificación de los 59 principales compradores europeos de aceite de palma, una lista que incluye desde fabricantes de barra de labios y de repostería industrial, hasta gigantes de la gran distribución.
Como dato positivo, algunos industriales, aunque son una minoría, ya se han comprometido en dejar de usar el aceite de palma de aquí al 2015.
En Florame, cuando usamos aceite de palma, nos aseguramos que esté certificado a nivel ecológico, por Ecocert. La agricultura biológica, en su definición propia, recurre a técnicas de cultivo que preservan el medio ambiente, tanto la flor como la fauna, respetando la vida y la biodiversidad, así como las condiciones de trabajo de los trabajadores agrícolas.











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