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Un mundo de aceites esenciales

En la aromaterapia, se usan aceites esenciales para favorecer el bienestar y preservar la salud a nivel global. Las plantas aromáticas procedentes de algunas familias botánicas permiten extraer sus esencias y aceites esenciales, son un concentrado muy potente, volátil y odorífero de los principios activos de la planta. Aunque se llaman aceites, los aceites esenciales no son nada grasos, contrariamente a los aceites vegetales. A parte de la aromaterapia, los aceites esenciales encuentran hoy numerosas aplicaciones en los sectores de la farmacia, de la perfumería, y de los aromas alimentarios.

Los aceites esenciales, que son componentes aromáticos, pueden encontrarse en distintas partes de las plantas: hojas, flores, corteza, tallos, raíces, semillas o frutos. Se extraen mediante distintos procesos, como la destilación al vapor de agua o la presión en frío, que son los procesos que permiten obtener los extractos más naturales y convenientes al consumo humano. Los componentes químicos de los aceites esenciales no solo pueden variar según la variedad de una misma planta pero también según el lugar de origen de la planta y su modo de cultivo, dando a cada aceite esencial propiedades y cualidades específicas. Cuando son de buena calidad, los aceites esenciales son muy potentes dado que la concentración de sus componentes puede alcanzar cien veces la concentración de la planta original. Por esa alta concentración, ciertos aceites esenciales pueden ser tóxicos si no se respetan las precauciones de uso.

El renacimiento de un saber milenario

En numerosas culturas, el uso de las plantas aromáticas ha sido milenario, en cosmética, medicina, y cocina. Los egipcios ya conocían los aceites esenciales, que se usaban en la preparación de las momias. Los griegos trabajaron con las plantas aromáticas como el romero o la lavanda por sus propiedades antisépticas.
En el siglo XII, el descubrimiento del alcohol destilado permitió las maceraciones y extracciones de plantas aromáticas. Los boticarios y vendedores de especias ejercían entonces el comercio de aromas para cuidados y perfumes. Para luchar contra las epidemias solo se conocía la botánica, y las materias aromáticas se utilizaban para la desinfección de los lugares.

En el siglo XVI, para numerosos médicos, algunos olores eran remedios activos. Los perfumes y remedios eran aún estrechamente asociados.
Las aguas aromáticas conocían un éxito creciendo en las cortes de Europa para aliviar todo tipo de dolores. Se preconizaban también los baños aromáticos y Ambroise Paré creo bañeras terapéuticas llamadas “marmitas de plantas”. La ciencia de la destilación interesaba a unos cuantos científicos: Olivier de Serres, Ambroise Paré, Leonardo da Vinci…
En el siglo XVII, la desaparición de los edificios de baños públicos, cerrados a causa de epidemias, hizo disminuir la higiene y favoreció el desarrollo del uso de los perfumes. La demanda en aromas explotó y éstos dejaron de emplearse como remedios, se usaban en mayoría por sus propiedades olfativas.

Habrá que esperar al siglo XX para que un científico francés, el Profesor Gattefossé redescubra los beneficios de los aromas creando la base de una nueva técnica llamada “aromaterapia”. Fue victima de una explosión en su laboratorio que le quemó una mano. Tuvo la idea de sumergir su mano en un baño de aceite esencial de lavanda officinalis. Sintió un alivio inmediato y se recupero rápidamente de su quemadura. Ese accidente le condujo a estudiar científicamente las propiedades terapéuticas de los aceites esenciales y a clasificarlos. Con los progresos de la ciencia y a las técnicas de análisis, resultó más fácil entender la acción de los principios aromáticos. En los años 50, otros médicos reconocidos como Valnet, Duraffourd, Lappraz y Bellaiche, continuaron y ampliaron sus estudios contribuyendo al conocimiento y a la difusión del uso de los aceites esenciales.

Ya muy conocida en los países del oriente asiático, la aromaterapia vive últimamente un gran auge en los países occidentales, siendo objeto de numerosas investigaciones por laboratorios científicos y de cosmética. Se usa cada vez más por médicos como terapia complementaria. Ese redescubrimiento de los aceites esenciales, en especial de los aceites ecológicos, corresponde también con la preocupación creciente de muchas personas por usar productos respetuosos de la naturaleza y libres de químicos potencialmente tóxicos para el organismo.

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Publicado en   aromaterapia.

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